Por: Axel de la Cruz y Samuel M{arquez | Para 259 Noticias y El Pilón
Por más de cinco décadas, la ciudad de Montemorelos, Nuevo León, ha mantenido viva la Feria de la Naranja, una festividad que rinde homenaje a la tradición y cultura de la región citrícola. Este año, la celebración cobró un significado especial al enmarcarse en el 200 aniversario de la formación de Montemorelos.

Un motor económico y social
La naranja no es solo un fruto en esta región; es la columna vertebral de la economía local. Desde la llegada de los primeros naranjos hace muchos años, esta actividad ha construido un municipio con una economía latente que beneficia directamente a las familias de la zona.
«Montemorelos se distingue por una producción de alta calidad… es la parte que ha construido un municipio que permite una economía que le cambia la expectativa económica a las familias», destacó el alcalde Miguel Ángel Salazar Rangel.

Once días de cultura y entretenimiento
La feria atrae anualmente a más de 60,000 personas, incluyendo habitantes de municipios vecinos como Allende, Linares, Terán y Monterrey, así como visitantes extranjeros. Durante once días, los asistentes disfrutan de una oferta diversa:
• Ambiente Familiar: Espacios diseñados para la convivencia y el sano esparcimiento.
• Atracciones: Juegos mecánicos, artesanías y gastronomía regional.
• Educación Ambiental: Espacios como la «granjita interactiva» donde niños pueden conocer conejos gigantes de Flandes y gallinas Brahma.
• Deporte y Tradición: Funciones de lucha libre que han formado parte esencial de la feria por años.
El talento y el cierre estelar
La música es un pilar fundamental de la identidad de la feria. Este año, el escenario contó con la presencia de artistas de renombre local e internacional como Grupo Topaz, Grupo Sólido, La Parranda y Los Cadetes de Linares. El broche de oro estuvo a cargo de Grupo Pesado, quienes cerraron el evento interpretando éxitos como «Tus mentiras» y «Mundo de amor».

Colaboración Universitaria
En el marco del bicentenario, la Universidad de Montemorelos tuvo una participación significativa, aportando esculturas y fotografías que documentan la historia de la ciudad. Estas expresiones artísticas ayudaron a nutrir la gama cultural e histórica que define a los morelenses.
La Feria de la Naranja reafirma así su lugar como un ícono de la región, uniendo historia, diversión y la identidad de un pueblo que se enorgullece de sus raíces citrícolas.






