Un pulmón verde que sostiene tradición, economía y vida en el sur de Nuevo León
En el corazón de Montemorelos, existe mucho más que campos de cultivo: hay un refugio natural que respira por toda la región. En medio del avance urbano y la creciente contaminación, los huertos de cítricos se mantienen como un símbolo vivo de identidad, tradición y equilibrio ambiental.
Conocida históricamente como la capital de la naranja, esta ciudad no solo produce uno de los frutos más representativos del estado, sino que también resguarda un legado agrícola que ha perdurado por generaciones. Hoy, espacios como Huertas GAMADI no solo cultivan naranjas: cultivan historia, turismo y conciencia ambiental.
El origen de la capital de la naranja
Diego Mancillas, dueño de huertas GAMADI
La realidad es que como Montemorelos inició con todo este tema, pues es quien tiene el nombre como la capital de la naranja.
Aunque varios municipios conforman la región citrícola de Nuevo León, Montemorelos ocupa un lugar especial en la historia.
Junto a Linares, Hualahuises, General Terán, Allende y Cadereyta, forma parte de la zona citrícola del estado. Sin embargo, fue Montemorelos quien dio el primer paso.
A finales del siglo XIX, la historia dio un giro cuando llegaron desde California los primeros 15 mil árboles de naranja, dando origen a la primera huerta formal: la emblemática Huerta La Eugenia, que hasta hoy continúa en producción.
Antes de eso, la región estaba dominada por cultivos de caña de azúcar. La llegada de los cítricos transformó no solo el paisaje, sino también la economía y la identidad local.
El secreto detrás del sabor
Las naranjas de Montemorelos no son famosas por casualidad. Su sabor distintivo responde a una combinación de factores naturales y prácticas agrícolas cuidadosas.
En la región se cultivan cerca de 30 variedades de cítricos, incluyendo naranja, mandarina, toronja y limón. Pero el verdadero diferenciador está bajo la superficie: la tierra.
Diego Mancilla, dueño de Huertas GAMADI
La tierra fértil que tiene Montemorelos es una tierra que no muchos municipios ni estados la tienen.
Aparte el tema de que aquí en Montemorelos se espera a que la naranja madure en el árbol
Se trata de un suelo particularmente fértil, poco común en otras regiones, que permite un desarrollo óptimo del fruto. A esto se suma una práctica clave: dejar que la naranja madure completamente en el árbol.
A diferencia de otros lugares donde se cosecha antes de tiempo, aquí se respeta el ciclo natural, lo que garantiza un sabor más intenso y auténtico.
ya fuera del árbol hay todo un tema de maduración que ya no está en el árbol y por eso es que a veces el sabor puede cambiar y aquí nos esperamos a que esté ya en su punto para ahora sí, pues ya empezar la a comercializar.

Huertos que respiran por la ciudad
Más allá de la producción, los huertos cumplen una función vital: actúan como el pulmón ambiental de Montemorelos.
En un contexto de crecimiento urbano y aumento de la contaminación, estos espacios verdes ayudan a mejorar la calidad del aire y conservar el equilibrio ecológico.
Además, el manejo del agua juega un papel fundamental. En la región se utilizan dos métodos principales:
- Agua rodada (tradicional)
- Riego por goteo (tecnificado)
Este último permite un uso más eficiente del recurso hídrico, al regular con precisión la cantidad de agua que recibe cada árbol.
Estos huertos ayudan a que el aire esté un poquito más limpio y prácticamente sea como el pulmón del municipio.
Más que naranjas: un legado vivo que se cultiva en más generaciones
El cuidado de los huertos no es solo una actividad agrícola: es un compromiso cultural.
La frase “las naranjas de Montemorelos” no es casualidad, sino el reflejo de una identidad construida a lo largo del tiempo. Mantener los huertos significa preservar una tradición que define a toda una comunidad.
Diego Mancillas, dueño de Huertas GAMADI
Siento que ahí va el primer punto que es del por qué cuidar todo el tema de los huertos para seguir manteniendo una tradición.
Hoy, proyectos como Huertas GAMADI demuestran que es posible innovar sin perder las raíces. Al integrar turismo, producción y conciencia ambiental, estos espacios aseguran que el legado citrícola continúe creciendo.
En Montemorelos, el llamado oro naranja no solo alimenta la economía: también sostiene el medio ambiente, fortalece la cultura y conecta a las nuevas generaciones con su origen.










